De pronto dijiste: -me harté del pollo rostizado, quiero otra cosa!-. Y entonces acá vamos de nuevo, con otra receta fácil.
Comprás ¼ de pollo (pechuga o muslo, lo que más te guste). Si lo compraste congelado, vas a darle unos 20 minutos en la función “descongelar” del microondas al momento de cocinarlo. Si no tenés microondas, deberás sacarlo del freezer y dejar descongelar dentro de la heladera un día antes (nunca fuera de la heladera, porque el pollo es una carne delicada que puede desarrollar bacterias fácilmente).
Si sos un colgado, te olvidaste, pero querés cocinar igual: lo ponés en una cacerola debajo de una canilla de agua caliente (y dejás correr el agua, aunque ésta medida es muy poco ecológica!).
Atención! Si comprás el pollo u otra carne en el súper, no te recomiendo que lo hagas un lunes, porque en general no es mercadería fresca (el domingo tampoco!). Te vas a dar cuenta que el pollo tiene un color entre amarronado y verdoso, lo mismo que la carne de cerdo y en la vacuna tiende a un bordó.
Para esta receta, si sos de comer liviano, te recomiendo primero quitar toda la piel del pollo, que no va a ser necesaria para otorgar ningún sabor especial. Vamos a dorar el pollo, entonces lo colocás dentro de la cacerola con apenas un toque de aceite, lo tapás y lo dejás dorar dos a tres minutos por lado. Seguramente se te va a pegar un poco, no importa, lo despegás con tenedor o cuchara de madera y lo retirás del fuego y lo dejás en un plato aparte.
En esta misma cacerola, sin limpiar, vas a colocar berenjenas cortadas en dados de 1cm de lado (con cáscara), las salás un toque y agregás un poco de aceite de oliva (recordá que el oliva es el único aceite que en la cocción no transmite su sabor al producto). Condimentás apenas con un poco de tomillo (si fuera fresco es ideal, pero no importa, podés ponerle seco). Cuando se doran un poco las retirás.
Por otro lado vas a cortar una cebolla en brunoisse (cuadrados chiquititos) y rallar una zanahoria (para pelarla, si no tenés pela papas, usás el canto de cualquier cuchillo). Si no hay rallador las cortás en rodajas bien finitas.
En la misma cacerola, sin limpiar, vas a colocar nuevamente aceite, y dorar las cebollas junto con las zanahorias, las que una vez doradas, también retirás.
Abrís una lata de tomates peritas, los trozás y reservás.
Colocá nuevamente un poco de aceite en la cacerola, y ponés el pollo, las berenjenas y la mezcla de cebollas y zanahorias. Revolvés y se queda un poco seco le agregás un poco más de aceite. Cuando todo comienza a hacer ruidito, bajás el fuego y colocás los tomates cortados, y la pulpa y jugo que resta de la lata. Salpimentás, agregás un poco más de tomillo y tapás.
Como guarnición podés pelar una papa y cortarla en rodajas bien finas y agregar a la cacerola, o hervir la papa aparte, con su cáscara, luego pelarla e incorporarla al final de la cocción. También podés acompañar con arroz blanco, o usar batatas, o calabaza (pero la tenés que cocinar aparte y pocos minutos).
Si no te gustan las berenjenas, usás zapallitos o zucchini (el larguito), o prescindís de ellos y colocás morrones (que debés cocinarlos al principio, porque son más duros).
Si la preparación se va secando, le agregás un poco de agua, enjuagando la lata de tomates para aprovechar el resto de jugo.
Si ya tenías un vino abierto (blanco o tinto) podés ponerle un chorrito cuando recién ingresaste todos los elementos a la cacerola (antes del tomate) para levantar sabores.
Cada tanto probá la preparación, para ver si necesitás rectificar la sal o pimienta.
El tiempo de cocción aproximado es de media hora. Mientras haya suficiente líquido no importa si te pasás un poco (en todo caso el pollo quedará un poco más cocido).
Si tenías un caldo guardado, lo podés agregar en lugar del agua.
Podés hacer esta receta con ½ pollo, y luego te guardás la mitad en el freezer para disfrutar otro día. Si lo vas a conservar en heladera, consumilo dentro de los tres días.
Para servirlo, retirás primero las presas del pollo, luego ubicás a un costado del plato la guarnición, y servís por encima la salsita.
Si sos de los que no soportan ver las verduras, tomás un mixer, y triturás todas las verduras, para que se transformen en una salsita (que luego podés guardar para condimentar por ejemplo un bife).
Recordá que es importante armarse un equipo de cocina de a poco, así podés hacer más fácil todas estas tareas.
Acompañá como siempre con tu bebida preferida. Yo te recomiendo un vinito blanco chardonnay para esta ocasión.
Buen apetito!
Para todos aquellos que aún no se animaron a incursionar en la cocina está desarrollado este blog. Aquí vas a encontrar recetas muy sencillas para resolver tu almuerzo o cena, consejos sobre formas de cocción, artículos indispensables en tu alacena, y algunos tips gourmet para que sientas el placer diario de una buena comida.
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lunes, 12 de septiembre de 2011
miércoles, 31 de agosto de 2011
¿TE ANIMÁS CON UN RISSOTTO?
Me vas a decir que no podés, que no da para empezar a cocinar con ésto, que te va a sobrar, que es difícil. Bueno, dejáte de excusas y tomá nota:
Lo primero que necesitás para hacer un rissotto es tener arroz, y el arroz indicado es “doble carolina”, buscá la marca que te parezca, pero te recomiendo usar marcas conocidas, que son realmente buenas. Fijate bien, no es lo mismo arroz parboil, que jamás se pasa, que arroz para recetas cremosas. El parboil tiene un proceso especial que hace que la cáscara no se rompa y el grano no suelte almidón, justamente lo que necesitamos para nuestro rissotto.
Otra cosa importante es tener un caldo. Y esto es muy fácil: comprás un caldito, ponés un jarro o una cacerola con agua fría y disolvés un cubito de caldo de verduras y lo ponés a hervir. Una vez listo lo reservás.
Vas a comprar, sin un poquito de vergüenza, una berenjena (de cualquier color), un zucchini (zapallito largo o italiano) o bien un zapallito común, cebolla de verdeo o una cebolla común), un ají morrón (rojo), una zanahoria, unos 100 grs. de champiñones (o una bandeja). Con esto arrancás, pero podés agregarle las verduras que quieras y también podés prescindir de los champiñones, si te resulta muy caro.
Lavás bien todas las verduras. Luego procedés a cortarlas, todas, excepto los champiñones, en daditos muy pequeños (5mm x 5 mm). No es necesario tener una regla, simplemente cortás pequeño y con cáscara! Este corte se llama brunoisse.
Si no te molesta lavar y tenés alma de gourmet, separás todo en diferentes platos. Si no, lo ponés todo en una fuente, pero separado, porque van a ir a una cacerola en diferentes momentos.
Cada verdura tiene una cocción diferente y es necesario saber que en la cocina “el orden de los factores SI altera el producto”.
En la cacerola ponés aceite de oliva hasta cubrir el fondo ( si no tenés oliva poné la que tengas, pero el sabor cambia) y encendés el fuego. En un minuto va a estar caliente. Allí colocás el morrón y la zanahoria y revolvés con cuchara de madera o la que tengas (pero si tu cacerola es de teflón y revolvés con cuchara de metal vas a dañarla). Dejás dorar un par de minutos, luego agregás la cebolla y las berenjenas (a la que le desechás la pulpa, sólo utilizás la carne pegada a la piel). Seguís revolviendo y bajás un poco el fuego. Si ves que las verduras están secas, le agregás más aceite. Luego agregás los zapallitos, los champiñones cortados en cuartos y otra verdura carnosa o blanda que elijas. Una vez doradas, agregás una taza de arroz doble carolina y revolvés y mezclar todo. Dejás que el arroz tome color nacarado (brillante) y agregás sal y pimienta (poca, es mejor rectificar luego) y alguna hierba para saborizar (ideal tomillo fresco, o un poco de orégano o salvia. No romero, porque es muy invasivo). Si tenés curry, podés colocarle media cucharita de té, le va a dar un sabor muy rico.
Ahora empieza el laburo en serio! Con el fuego bajo, le agregás un cucharón del caldo que preparaste y te ponés a revolver. La cocción te va a llevar 20 minutos aproximadamente, y el secreto es que revuelvas constantemente para romper la estructura del grano y salga el almidón. Cada vez que se seca un poco, le agregás caldo y continuás. Es importante que el caldo esté caliente, porque si lo agregás frío, el grano se contrae y no larga el almidón. Si se te acaba el caldo, y el arroz no está listo, le agregás agua sola pero caliente.
Cada tanto probá el arroz, para ver si le falta sal, o si ya está cocido. Este tipo de arroz te queda bien blando, porque absorbe mucho líquido, así es que no hay problema si se pasa. Al cabo de 20 minutos debería estar listo, pero no hay un tiempo exacto.
TIPS:
Esta es una versión vegetariana, pero podés hacerlo con carne, cerdo o pollo, agregándolos luego de los morrones, en trozos, dorándolos un poco de cada lado y retirándolos luego, para volver a cocinarlos cuando ya el arroz esté nacarado y agregues el primer cucharón de caldo.
Una versión más sofisticada puede ser utilizando únicamente hongos: portobelos, shitakii y hongos de pino, previamente hidratados en vino tinto.
Como condimento podés usar también azafrán ( si sos afortunado de tener un tarrito en tu alacena).
Podés utilizar arroz parboil, con el mismo proceso, pero sin necesidad de revolver constantemente. Te va a quedar rico, pero no cremoso.
Para acompañarlo, en su versión vegetariana, te recomiendo un vino blanco chardonnay o sauvignon blanc o un tinto merlot. Si optás por la versión con carne u hongos, te podés inclinar por un sirah o malbec.
Al final, antes de servir, podés agregarle una nuez de manteca ( un rulito, una tajadita) que le da brillo y untuosidad a la preparación.
Espero tus comentarios sobre cómo te salió, dudas, o nuevas propuestas.
Lo primero que necesitás para hacer un rissotto es tener arroz, y el arroz indicado es “doble carolina”, buscá la marca que te parezca, pero te recomiendo usar marcas conocidas, que son realmente buenas. Fijate bien, no es lo mismo arroz parboil, que jamás se pasa, que arroz para recetas cremosas. El parboil tiene un proceso especial que hace que la cáscara no se rompa y el grano no suelte almidón, justamente lo que necesitamos para nuestro rissotto.
Otra cosa importante es tener un caldo. Y esto es muy fácil: comprás un caldito, ponés un jarro o una cacerola con agua fría y disolvés un cubito de caldo de verduras y lo ponés a hervir. Una vez listo lo reservás.
Vas a comprar, sin un poquito de vergüenza, una berenjena (de cualquier color), un zucchini (zapallito largo o italiano) o bien un zapallito común, cebolla de verdeo o una cebolla común), un ají morrón (rojo), una zanahoria, unos 100 grs. de champiñones (o una bandeja). Con esto arrancás, pero podés agregarle las verduras que quieras y también podés prescindir de los champiñones, si te resulta muy caro.
Lavás bien todas las verduras. Luego procedés a cortarlas, todas, excepto los champiñones, en daditos muy pequeños (5mm x 5 mm). No es necesario tener una regla, simplemente cortás pequeño y con cáscara! Este corte se llama brunoisse.
Si no te molesta lavar y tenés alma de gourmet, separás todo en diferentes platos. Si no, lo ponés todo en una fuente, pero separado, porque van a ir a una cacerola en diferentes momentos.
Cada verdura tiene una cocción diferente y es necesario saber que en la cocina “el orden de los factores SI altera el producto”.
En la cacerola ponés aceite de oliva hasta cubrir el fondo ( si no tenés oliva poné la que tengas, pero el sabor cambia) y encendés el fuego. En un minuto va a estar caliente. Allí colocás el morrón y la zanahoria y revolvés con cuchara de madera o la que tengas (pero si tu cacerola es de teflón y revolvés con cuchara de metal vas a dañarla). Dejás dorar un par de minutos, luego agregás la cebolla y las berenjenas (a la que le desechás la pulpa, sólo utilizás la carne pegada a la piel). Seguís revolviendo y bajás un poco el fuego. Si ves que las verduras están secas, le agregás más aceite. Luego agregás los zapallitos, los champiñones cortados en cuartos y otra verdura carnosa o blanda que elijas. Una vez doradas, agregás una taza de arroz doble carolina y revolvés y mezclar todo. Dejás que el arroz tome color nacarado (brillante) y agregás sal y pimienta (poca, es mejor rectificar luego) y alguna hierba para saborizar (ideal tomillo fresco, o un poco de orégano o salvia. No romero, porque es muy invasivo). Si tenés curry, podés colocarle media cucharita de té, le va a dar un sabor muy rico.
Ahora empieza el laburo en serio! Con el fuego bajo, le agregás un cucharón del caldo que preparaste y te ponés a revolver. La cocción te va a llevar 20 minutos aproximadamente, y el secreto es que revuelvas constantemente para romper la estructura del grano y salga el almidón. Cada vez que se seca un poco, le agregás caldo y continuás. Es importante que el caldo esté caliente, porque si lo agregás frío, el grano se contrae y no larga el almidón. Si se te acaba el caldo, y el arroz no está listo, le agregás agua sola pero caliente.
Cada tanto probá el arroz, para ver si le falta sal, o si ya está cocido. Este tipo de arroz te queda bien blando, porque absorbe mucho líquido, así es que no hay problema si se pasa. Al cabo de 20 minutos debería estar listo, pero no hay un tiempo exacto.
TIPS:
Esta es una versión vegetariana, pero podés hacerlo con carne, cerdo o pollo, agregándolos luego de los morrones, en trozos, dorándolos un poco de cada lado y retirándolos luego, para volver a cocinarlos cuando ya el arroz esté nacarado y agregues el primer cucharón de caldo.
Una versión más sofisticada puede ser utilizando únicamente hongos: portobelos, shitakii y hongos de pino, previamente hidratados en vino tinto.
Como condimento podés usar también azafrán ( si sos afortunado de tener un tarrito en tu alacena).
Podés utilizar arroz parboil, con el mismo proceso, pero sin necesidad de revolver constantemente. Te va a quedar rico, pero no cremoso.
Para acompañarlo, en su versión vegetariana, te recomiendo un vino blanco chardonnay o sauvignon blanc o un tinto merlot. Si optás por la versión con carne u hongos, te podés inclinar por un sirah o malbec.
Al final, antes de servir, podés agregarle una nuez de manteca ( un rulito, una tajadita) que le da brillo y untuosidad a la preparación.
Espero tus comentarios sobre cómo te salió, dudas, o nuevas propuestas.
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